En la concepción taoísta, el útero es un órgano muy especial por dos razones: por un lado mediante el útero se establece el vínculo entre la mujer y el Universo y por otro lado el útero es el principal centro energético del cuerpo de la mujer. El útero recoge su propia energía y la del óvulo maduro que es liberado por un ovario cada mes mientras dura la etapa reproductiva de la mujer.

Según la anatomía y la fisiología taoísta femenina, en el interior del útero tenemos una perla blanca (Despeux Catherine, Taoísmo y alquimia femenina, editorial La Liebre de Marzo, S.L., Barcelona, primera edición marzo 2003), donde está la "reserva del aliento original". Es la misma energía sutil que constituye el Universo y que forma parte del ser humano, denominada "tiangui" o "agua celeste", debido a su procedencia. La perla derrama una porción del "agua celeste" cada mes. Dos o tres días antes de producirse la menstruación, se producen una serie de síntomas que la anuncian: congestión, sensación de embotamiento, dolor de espalda y de nuca, sensación de presión en la cabeza y en los senos nasales, dolor de cabeza, irritabilidad, inestabilidad emocional, etc. En mi opinión, estos síntomas están incluidos en el trastorno que en Occidente es reconocido como síndrome premenstrual (SPM). Con la efusión de la sangre menstrual estos síntomas desaparecen bruscamente porque el "agua celeste" (tiangui) que estaba retenida en el interior del cuerpo fluye al exterior acompañando al flujo menstrual.

Para los taoístas, los ovarios son unos órganos esenciales donde se almacena la mayor parte de la "energía original" o "esencia" en forma de los óvulos que contienen y de todas las hormonas producidas en los ovarios, entre ellas el estrógeno y la progesterona. Otra parte de la esencia se almacena en las glándulas suprarrenales. Según la medicina china, los ovarios están vinculados a los riñones porque estos últimos participan en el control de la función sexual y reproductora, función que realizan en combinación con las glándulas endocrinas: los ovarios, los testículos y las glandulas suprarrenales. Además, la medicina china no diferencia entre los riñones y las glándulas suprarrenales, estas últimas son denominadas "glándulas renales" (Reid Daniel, Los tres tesoros de la salud, Ediciones Urano, Barcelona 1994). Los riñones custodian la energía proveniente de nuestros ancestros.

Las dos energías, el "agua celeste" o "tiangui" (energía del útero) y la "esencia" (energía de los ovarios), son energías sutiles, no se pueden ver pero sí sentir sus efectos. Ambas energías son la misma energía creativa original del Universo y que forma parte del ser humano.

La energía del útero está vinculada a la mente y a la conciencia (Gray Miranda: Luna Roja. Los dones del ciclo menstrual, Ed. Gaia, Madrid 1995); la energía de los ovarios está más vinculada al cuerpo físico. Ambas energías están íntimamente ligadas, lo mismo que el ciclo ovárico y el ciclo menstrual.

Mi experiencia y mi investigación me han llevado a la conclusión que cuando se somete a una mujer antes de su menopausia natural a la extirpación quirúrgica del útero (histerectomía) y/o a la extirpación de los dos ovarios (ooforectomía bilateral) desaparece su ciclo reproductor en el plano físico, pero se conserva el patrón energético que subyace a los cambios físicos del ciclo menstrual. Esto es así debido a la Primera Ley de la Energía (Dale Cyndi: El cuerpo sutil, enciclopedia sobre la anatomía energética, Ed. Sirio, Málaga 2009) o Ley de la Conservación de la Energía según la cual "La energía se conserva; por tanto, ni se crea ni se destruye, solamente se transforma". Las mujeres, a pesar de la desaparición de los órganos reproductores, seguimos conservando la energía del ciclo reproductor y nuestra naturaleza cíclica mensual. Yo personalmente lo he experimentado incluso en el plano físico, porque desde inmediatamente después de la cirugía a la que fui sometida y hasta los 51 años (durante 21 años) todos los meses cíclicamente he sangrado por la nariz.