Para poder explicar cómo surgió el método Rosa Noguero tengo que remontarme al pasado. En noviembre de 1991, cuando me faltaban nueve días para cumplir los treinta años, a causa de una endometriosis, me extirparon el útero y los ovarios, provocándome una menopausia quirúrgica. A pesar del disgusto, trataba de ser positiva y afrontar las secuelas confiando en los progresos de la medicina. En aquel entonces se empezaba a comercializar en España la terapia hormonal sustitutiva (THS), administrada mediante parches transdérmicos de estrógeno. Los síntomas que experimenté fueron terribles: insomnio, depresión, sofocos, dolores en los brazos, en las muñecas y en las manos, pero con la dosificación adecuada de estrógeno fueron desapareciendo paulatinamente. A pesar de ello mi malestar físico y mi dolor de espalda, cervicales y rodillas no mejoraban, al contrario, con el paso del tiempo iban en aumento. Yo pensaba que me estaba descalcificando; los médicos me decían que no podía ser, que la osteoporosis no duele; además, las densitometrías confirmaban que no tenía osteoporosis. Me envolvían sentimientos de soledad, impotencia e incomprensión.

Investigación

En noviembre de 1992, un año después de la intervención, cuando buscaba algo que aliviara mi malestar, en un curso de relajación y control mental tuve una experiencia que aún hoy cuando escribo estas líneas no he llegado a comprender en su totalidad. Fue una sensación extraña, psíquica pero también física, en la que sentí que mi cuerpo se vaciaba: ésta es la expresión que mejor la define. Durante los cuatro días siguientes volví a sentir mi cuerpo como antes de la intervención: ligero y libre de dolores. Pasados esos cuatro días volví a tener las mismas molestias y el mismo malestar, pero esa experiencia fue determinante, ya que en ese momento sentí y supe que ese terrible malestar físico era de origen energético. Aunque hacía años que recibía clases de yoga, e intelectualmente sabía de la existencia de un cuerpo de energía y de canales energéticos, hasta ese momento no lo había experimentado en mi cuerpo como algo real.

Con enorme interés, busqué literatura relacionada con el tema y afortunadamente cayó en mis manos el magnífico libro del Dr. Richard Gerber La curación energética (Ediciones Robinbook, Barcelona, 1993), que me aportó una información muy oportuna y me abrió el camino hacia mi bienestar. A partir de entonces busqué mi recuperación por otras vías y recurrí a las medicinas alternativas como la homeopatía, la acupuntura, etc. Y todo colaboró con su granito de arena, pero mi cuerpo seguía mal. Al mismo tiempo empecé a participar en cursos y talleres sobre técnicas energéticas para promover el bienestar físico y psíquico, lo cual significó el inicio de un intenso viaje interior, que culminó en agosto de 1998 en un viaje en la India.

En el verano de 1996 sucedió que un día en el que estaba ejercitando una postura de yoga y al mismo tiempo hacía una práctica de las diferentes respiraciones utilizadas en las sesiones de Renacimiento, sentí que por las manos y los pies salía algo que no podía ver, pero que estaba aliviando mi cuerpo de dolores y que identifiqué como energía. Días después intenté hacer lo mismo para ver si se repetía de nuevo la experiencia, pero no dio resultado. Mi necesidad personal y la curiosidad me obligaron a seguir investigando.

Mi pregunta era: ¿Por qué cuando lo busco no sucede y otras veces se produce espontáneamente? Para poder responder a este interrogante comencé a observarme minuciosamente y a fijarme en las circunstancias físicas y psíquicas en las que me encontraba cuando se producía lo que he llamado "drenaje espontáneo de esencia energética". Con el tiempo se fueron revelando las respuestas. Y fue a partir de entonces cuando empezó a surgir la idea de desarrollar este método. La paciencia, la observación minuciosa y el estudio lo han hecho posible.

El desarrollo de este método no es el resultado de un conocimiento teórico, sino fruto de una larga experiencia personal consolidada y confirmada mediante una práctica regular. Sin la experiencia previa, de ninguna manera habría llegado a diseñarlo.

Del método propiamente dicho no puedo acreditar las fuentes de información porque es el Universo, que respondiendo a mi demanda, me fue revelando la información precisa, consistente en intensas sensaciones que mi cuerpo fue experimentando. Si algún mérito me cabe es el de saber interpretarlas. Al principio fueron surgiendo ideas aisladas que he ido investigando y que más tarde han encajado en un todo completo. Para que el método funcione, no es imprescindible el conocimiento intelectual. Durante muchos años he disfrutado de su beneficio, sabiendo solamente que de ese modo drenaba al exterior energía que se generaba en el interior de mi cuerpo y que tenía que ver con mis ovarios y útero.

Este método me ha aportado efectos beneficiosos tanto en el plano físico como psicológico, ya que saber qué ocurre en el propio cuerpo proporciona mucha tranquilidad. Al comprobar en mi persona sus excelentes resultados me he decidido a transmitirlo a otras mujeres, por ello he profundizado y ampliado mi investigación. Mi trabajo de esteticista me ha permitido recibir, asimismo, múltiples testimonios de mujeres.

El hilo conductor de toda mi investigación ha sido mi intuición, sustentada sobre una labor académica que me ha permitido corroborar y ampliar mis suposiciones. Me ha acercado a la cultura oriental porque en ella el concepto de energía es esencial y se aplica en todos los órdenes de la vida. El tantrismo y el taoísmo son las dos tradiciones que despertaron mi interés.

Me he centrado en el taoísmo porque ha sido dónde más respuestas he encontrado. El desarrollo de la Alquimia Interior aportó a los taoístas una concepción del cuerpo y de su fisiología muy particular. No tiene equivalente en otras culturas y es desconocida para la mayoría de los occidentales.

La medicina china, que tiene sus raíces en el taoísmo, es una gran fuente de información y el yoga hindú aporta su sistema de chakras, nadis y algunos conceptos esenciales.

Esta segunda parte de mi investigación es fruto de un gran esfuerzo, se ha prolongado en el tiempo y ha sido interrumpida en varias ocasiones debido a las exigencias de la vida familiar y laboral. Trabajar con tradiciones culturales tan distantes de la nuestra, cuya abundante terminología no tiene equivalentes en nuestra cultura occidental, ha contribuido también a dificultar la investigación.

Así ha cristalizado esta tarea de años, en este método que ahora deseo poner al alcance de otras mujeres para que se puedan beneficiar de él como he hecho yo misma.